¿En qué consiste la dieta de la zona?

La dieta para estar en la zona, nació en Estados Unidos de la mano de Barry Sears.

Su objetivo es el bienestar, la ausencia de enfermedades, en definitiva, la salud óptima en el estado metabólico del cuerpo y la mente, funcionan al máximo de su eficiencia (eso es estar en la zona). La vía para entrar en la zona consiste en una dieta equilibrada, en la que hidratos de carbono, proteínas y grasas se encuentran rigurosamente controlados dentro de cada comida (control de los macronutrientes).



Esta dieta nace en un principio como oposición a las dietas ricas en hidratos de carbono que popularizaban los primeros culturistas y que hoy en día aún seguimos viendo, leyendo y practicando, puesto que Barry Sears comentaba que éstas no consiguen hacer desaparecer el exceso de grasa corporal. Debido a que provocan una superproducción de insulina, y la producción de eicosanoides malos. El exceso de insulina se traduce en un descenso del nivel de azúcar (glucosa) en la sangre, que es transformada en grasa y al mismo tiempo bloquea el acceso a nuestras reservas de grasa, todo ello en última instancia conduce a la posibilidad de contagiarse de enfermedades. Esta es la explicación de porqué las dietas altas en hidratos de carbono, producen sensación de fatiga, cada vez hace que nos sintamos con menos energía física y cada vez acumulemos más grasa corporal (según Barry Sears).

En la zona se tiene más fácil el acceso a las reservas de grasa acumulada
(en vez de a los hidratos de carbono acumulados) como fuente de energía, lo que además se traduce en una mayor concentración mental, que no sólo ayuda a ser más productivos, sino que mejorará el rendimiento físico y por consecuencia nuestro físico.

En la dieta para estar en la zona, se aconseja realizar cinco comidas al día, dos de las cuales serán livianas. Siempre controlando las calorías y macronutrientes de nuestra dieta diaria.

Los alimentos recomendados de la dieta de la zona son los siguientes:

Hidratos de carbono: el beneficio de los hidratos de carbonos depende de su velocidad en ingresar en el torrente sanguíneo (indica su índice glucémico) de la velocidad en que son transformados en glucosa depende la mayor o menor secreción de insulina.

Hemos de evitar los alimentos con un alto índice glucémico como el azúcar refinado, la miel, la glucosa, el pan blanco, las patatas y todos los cereales, pastas y productos hechos con harina blanca (refinada). Por el contrario, tomaremos aquellos de absorción más lenta y que encontramos en las frutas, verduras, legumbres y cereales integrales ya que la fibra ayuda a descender la absorción de azúcares y grasas (tanto en cuanto a cantidad como en velocidad).

Proteínas: entre las proteínas animales recomendadas, están las carnes de pollo, ternera, pavo y conejo, así como los pescados azules y blancos. Huevos, yogures y leches fermentadas, evitaremos el resto de productos lácteos enteros, como los quesos. También podremos hacer nuestras combinaciones con proteína en polvo.

Grasas: Las grasas las obtendremos del aceite de oliva, el aguacate o los frutos secos.

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